En palabras, calles, noches, frases tuyas, y en el eco de un rio, que a escasos metros nos dio la bienvenida, e ilusiono nuestras almas.
La exquisita fragancia de tus labios, y mis dedos que las perseguían, fueron presa de segundos postreros.
La diferencia heredada de la tarde anterior, era ya de fuerza imperceptible. Sentí conocer cada olvido tuyo y el alza imparable de la confianza, alfombraba nuestros actos.
